viernes, 15 de febrero de 2013

Princesas Disney. [I]

Blancanieves se despierta entre botellas de whisky barato. Antiguamente levantada por un beso, ahora levantada por una resaca. 

Su piel blanca como la nieve, ahora esta cubierta de pequeñas cicatrices allí donde penetraron las agujas. 

Su pelo negro como el ébano esta despeinado por los cigarrillos entre polvo y polvo.
Y en sus labios rojos como una rosa descansa un porro mañanero.
Ahora los siete enanitos, se han convertido en una diversión para cada día de la semana. Y ahora, en vez de ser tumbada por una manzana envenenada, es tumbada por unas cuantas rayas de cocaína.
Pobre Blanca, ha perdido el norte, el sur y todos los puntos cardinales. 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Hécate.

El gris turbado de sus ojos silenció el bosque. Su iris giraba, cobrando vida propia. 
Había perdido la conciencia entre montones de hojas otoñales y su vestido blanco había perdido todo resquicio de volver a su color natal. 
El dios Eolo agitaba su cabellera azabache y la luna llena resaltaba sus facciones, a la vez que creaba sombras en los cipreses y los pinos que la rodeaban.
Sus suspiros danzaban con el triste ulular de un búho. Un viejo y sabio búho que la miraba desde la rama más alta de alguno de los arboles que se mecían con el viento.
Se alzo entre la hojarasca y sintió el dolor punzante de una herida. Se observó el brazo: Una línea escarlata le transcurría desde el hombro hasta el codo.
Puso su mano llena de arañazos encima de la herida, notando la quemazón de esta y susurro unas palabras. Unas letras se grabaron a fuego en su brazo para desaparecer mas tarde. 
‘Κνρα '.
La herida se cerró, deprisa, avivando un dolor intenso.
Se mordió el labio y cerró los ojos, no podía gritar. Al instante, unos lobos a lo lejos aullaron. Dando la bienvenida al bosque a su corazón marchito. A su corazón escaso de esperanza. 
Algo se acercaba a su lugar de descanso. 
Pero ella ya no podía más. Estaba harta de estar sola. Harta de luchar por algo que ni ella misma sabia de que se trataba.
Sus sonrisas habían desaparecido junto con sus ganas de seguir adelante. La vida se aferraba a sus manos cuando ella quería soltarla. 
Estaba cansada, herida y se sentía traicionada. Traicionada solo por haber amado lo prohibido. 
Pero debía seguir. Por mucho que deseara plantarse y ahogarse entre sus penas. 
Caminaría por el Tártaro si era necesario solo por demostrar que nada podía con ella. 
Se puso de pie, apoyándose en esa esperanza que velaba por su ausencia y susurro su miedo al viento, el cual lo propago como si fuera una cerilla. 
'Φνεγω'
El bosque estallo en llamas verdes, creando una muralla de fuego griego al rededor de la chica. 
Sus ojos refulgían de rabia. Quería chillar, o simplemente titilar como una luz hasta apagarse. 
A través del verde tono de aquel inquebrantable fuego, la figura de un lobo se desdibujaba como si fuera un reflejo en el agua. 
Se quedo sin aliento cuando el lobo cambio de forma hasta convertirse en una mujer arco en mano. 
Su aura descargaba ferocidad y protección. Y como si las llamas no le causaran daño alguno, apareció delante de ella. Y le sonrió, con sus ojos de color de luna, y su pelo trenzado. 
-Descansa, hija de Hécate, diosa hechicera. -Y obedeciéndola, se le cerraron los parpados y cayó al suelo. Presa de un sueño inconsciente. 



viernes, 23 de noviembre de 2012

Tequila entre mis dedos.


Ella era de las que se lavaban los dientes antes de acostarse. De las que estudiaban semanas antes y sacaban sobresaliente. Ella era parte de los ceros a la izquierda. De la innumerable cantidad de ceros. Ella era la que soñaba con príncipes. La que se ahogaba con el humo. La que miraba con asco las drogas. La que miraba todas las bebidas antes de beberlas. Ella era la que odiaba los pantalones cortos, la que llevaba camisetas de cuello vuelto, la que tenia zapatillas de deporte para cada día de la semana. La que no se maquillaba, la que pasaba de todo el mundo, la que no se metía en líos. Ella era la que miraba antes de cruzar, y la que esperaba sentada su zapatito de cristal.
Y sin embargo ahora... Ahora ladra mas que muerde. Ahora aprueba  menos de la mitad de las asignaturas. Ahora algunos la califican como diez. Ahora ella 'vive' a su manera. Ahora en vez de soñar con su príncipe azul, se lía con sapos todas las noches. Ahora el humo forma parte de sus venas. Se coloca cada noche y bebe demasiado de golpe. Ahora ella lleva pantalones por bragas, y camisetas a la altura del ombligo. Lleva tacones de 10 centímetros y ha tirado las zapatillas de deporte. Ahora va maquillada cada día  y no sale de casa sin ir mas maquillada que una puerta. Ahora se mete ella sola en líos, y pelea mas que habla. Ahora hace autoestop para volver a casa, y su zapatito de cristal, lo ha vendido para comprarse mierdas para su cuerpo. Ahora esa chica, esa chica que antes tenia un gran futuro por delante, se ha quedado atascada entre un bote de pastillas, una botella de tequila y una planta alucinógena que quema sus pulmones.


lunes, 19 de noviembre de 2012

Cigarros de un idiota.


Ahogue el cigarro en un suspiro. Sumergí mis lágrimas en los ríos de lava que circulaban por tu cintura. Caminé por el rojo carmesí de tus uñas, y me aprendí de memoria el recorrido de tus piernas.
Me deslicé por la curva de tu ombligo. Susurre idioteces en los pliegues de tu falda, y escale entre la suavidad de tu espalda.
Tatué de imágenes mi cerebro, y guardé mis recuerdos en el mar azul de tus ojos. Me fume tu perfume envuelto en el papel de liar de tus sonrisas. Me bebí tus penas de golpe, y esnife tu brillo de labios preferido. Me drogue de tus ilusiones, y vomite las decepciones.
Adorne con vodka la piel de tu cuello. Jugué con los botones de tu camisa, y reí en tus labios escarlata.
Memorice el parpadeo de tus ojos, y perdí el aliento en el final de tu espalda. Saboreé el rubor de tus mejillas, y le di una calada a tus besos. Destrocé tus inseguridades y construí de nuevo el sonido de tu risa.
Tatareé tu canción favorita y baile entre tus suspiros. Y convertí todo momento juntos, en tus recuerdos más bonitos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Amor siempre sera Roma al revés.


La lluvia, fría como el hielo, camuflaba mis lágrimas huecas. Lagrimas provocadas por el dolor, la realidad. Lagrimas provocadas por la soledad de tus besos. La frialdad de estar sin tus abrazos, por el silencio de tu risa. Lagrimas a causa de tu ausencia. Lagrimas orgullosas que deseaban ir a buscarte, pero no lo harían. Riachuelos de lágrimas en mis mejillas, riachuelos de lágrimas por culpa de tus mentiras, y por culpa de mi desconfianza.
¿Te acuerdas cuando vine a Roma? ¿Te acuerdas como nos conocimos? Nos conocimos gracias a mi torpeza y a tus reflejos. Nos odiábamos tanto que casi no podíamos vernos, y hace tan solo unas horas, no podíamos estar separados. No había nadie que nos alejara, que interviniera entre nosotros, ni siquiera nuestras familias podían separarnos. Quien diría que, de pasar a odiarte, pasaste a ser la persona más importante de mi vida. La única persona que podía hacerme daño, pues seria a la única a la que se lo permitiría. Y ahora me has hecho tanto daño que mi corazón no late, pues sigue entre tus manos. Esas manos que una vez me exploraron con tanto cariño, que hasta podría derretirme entre ellas.
Cuando vine a Roma, cuando te vi, cuando me enamore, encendí una vela que no iba a apagar nunca. Porque sabía que nunca iba a dejar de sentir esto que siento por ti, que nunca iba a acabar nuestra historia de amor. Que no tendría fin. Y ahora, el aire, tan frio como la lluvia, ha apagado esa vela. Ha apagado esa vela, junto con mis ganas de seguir adelante. Junto con mis ganas de sonreír, junto con mis ganas de mirar hacia el futuro si tú no estás.
Te echo tanto de menos, que hasta me duele la sangre que fluye por mis venas. Te echo tanto de menos, que podría gritar tan fuerte, que me oirían hasta los sordos.
Llevo aquí sentada dos horas, esperando a que pase algo que cambie la ecuación, algo que me de otro resultado. Algo que haga cambiar todo esto.
Me levanto, harta de esperar encapuchada de lluvia. Y camino por el barro ensuciando mis botas, pero me da igual. Ahora ya todo me da igual. Tú te casaras con ella, y yo con él. Y nada ni nadie puede cambiar eso. Ni siquiera nuestro amor, que puede mover montañas.
Cierro los ojos, imaginándome que estas aquí, conmigo. Que tu calor me envuelve, que tu perfume se refugia entre mis brazos. Y la última lágrima cae de mis ojos. Dándole fin al agua de mi cuerpo. Dándole fin a mí esperanza. Y cuando pienso que ya no volverás, que ya no podre soportarlo más, escucho tus palabras. Es un leve susurro, pero lo escucho tan bien, tan fuerte, que pienso que, en cualquier momento, me fallaran las piernas.
-No te vayas. –Y no lo hago, no me voy. Me quedo allí, quieta, disfrutando del hecho de que estas detrás de mí, de que puedo sentirte, y de que, segundos después me giras, me miras y te impacientas. Como siempre haces al ver que no respondo, al pensar que no respondo porque no quiero saber nada de ti. Pero te equivocas, no respondo porque quiero disfrutar del silencio que crean nuestros cuerpos, del silencio que forman nuestros corazones.
-Dilo. Necesito saberlo. Necesito saber que no me lo imagino. Que no soy la única que lo siente. Que no soy la única que lucha por algo imposible. Dilo y ya está, solo te pido que lo digas. Que me lo susurres tan cerca que se enteren hasta mis labios. Dilo y todo valdrá la pena. Todo esto tendrá un por qué.
-¿Qué diga qué? ¿Qué te diga que me has roto los esquemas? ¿Qué te diga que me vuelves loco pero que eso me gusta? ¿Qué te diga que eres mi vida? ¿Qué te diga que eres lo mejor que tengo?
-Sí, quiero que lo digas.
-Entonces no lo dudes ni un momento, porque te quiero más que a nada. Te quiero. Con toda mi alma.

viernes, 12 de octubre de 2012

Smiles.

Nunca dijeron que esto fuera a ser fácil, seguir adelante nunca lo ha sido, dejar todo atrás, enterrar tu pasado, es algo que duele demasiado como para hacerlo, algunos, incluso, solo para no sentir ese dolor, viven con el pasado, saboreando lo que eran, queriendo arreglar las cosas, sabiendo que no pueden.Y por eso yo prefiero enterrarlo, enterré mi pasado junto con la tumba de mi madre, junto con el ultimo pétalo de rosa que se marchito bajo tierra. Enterré mi pasado el día que lo perdí todo, el día que perdí a lo que mas quería, enterré mi pasado junto con mi alegría y mis tan populares sonrisas. Allí, en mi antiguo hogar, solían llamarme Smiles.
Cierro los ojos, con fuerza, y aprieto los puños, mis nudillos se tintan de blanco y lucho por contener las lagrimas. Me había quedado sola en este puto mundo, y solo me quedaba mi abuela Grace y mi tío Lion. Mi abuela, de 72 años de edad, tenia el pelo canoso siempre recogido en un moño con una cinta gris. Era un poco hippie, y vegetariana, eso era lo único que no me gustaba de ella. Yo adoro la carne.
Mi tío Lion, un viajero desaparecido. Le habíamos perdido la pista hacia meses, ni siquiera se había presentado al entierro de mi madre, su hermana. Y yo, ahora estaba en la camioneta Chevrolet de mi abuela, intentando adivinar que mierdas me esperaban en el pueblucho al que me llevaba. Abrí los ojos, la luna se proyectaba en el cielo, como si la hubieran pintado con un ligero pincel. Pura, perfecta. Apoye la cabeza en el cristal y me sobresalte cuando mi abuela paro de golpe, soltando un grito ahogado.
-¿Que pasa nana? -Mire al frente y me cruce con unos resplandecientes ojos dorados que me miraban expectantes, me quitaron el aliento, literalmente. Me estaba dando un ataque de asma. Busque en mi bolsillo el inhalador. Me lo puse en la boca, apreté el botón y deje que se me abrieran las vías respiratorias. Cuando mire de nuevo adelante, los ojos extraños ya no estaban.
Mi abuela volvió a arrancar el coche mientras murmuraba los locos que estaban los jóvenes hoy en día  echándole la culpa a las multinacionales, mientras yo, recordaba la sensación que me habían provocado esos preciosos ojos dorados.


martes, 31 de julio de 2012

Canto de sirena I.


La silueta de unos pies arrastrados se forma tras ella para, más tarde, desaparecer junto con las olas, que chocan contra sus pies.
Su pelo negro se arremolina alrededor de su cara, danzando con el frio aire que acompaña al mar Mediterráneo.
¿Cómo ha podido ser tan tonta? Se pregunta una y otra vez.
¿Cómo ha podido renunciar a su verdadera existencia? ¿Al lugar al que, verdaderamente, ella pertenece?
Se para y mira sus pies. Diez dedos, cinco en cada pie los componen. Después de toda una vida admirando a los humanos, admirando cuando andan, admirando el hecho de tener dos piernas, no se esperaba que hubiera conseguido esas dos extremidades tan desconocidas en su mundo.
Sigue caminando.
Mariposas extinguidas dentro de ella, declaran que ha perdido la guerra.
Esa guerra entre el corazón y la razón.
El corazón le chillaba que fuera con él, que le abrazara y le pidiera que jamás la soltara, que se unieran en una sola persona, y la razón le decía que confundía el amor con la obsesión, la obsesión de querer amar como un humano, la misma obsesión que la había llevado a hacer un pacto para dejar atrás su pasado, su familia, su gente, su reino. Su vida.
Se deja caer al suelo y llora, llora todo lo que lleva dentro, llora el sufrimiento, la tristeza, la nostalgia, la humillación, la ingenuidad, la valentía, la felicidad, el remordimiento. Llora. Se desahoga. Grita. Sopla hacia esa vela a la que todos llamamos esperanza y la apaga.
Se levanta, con un riachuelo de lágrimas descansando en sus mejillas, y con sus claros ojos violetas vidriosos y cuajados. Camina hacia el mar, lento pero sin pausa, con la mirada decidida en sus ojos. Si tiene que morir, que sea en su lugar de origen, en el mar, en el agua salada que la vio nacer.
El agua, fría como el hielo, va ascendiendo por su cuerpo, y sus lágrimas se fusionan con el agua, convirtiéndose en mar al instante.
En su reino, el reino marino, hay una leyenda que proclama que el mar son lágrimas, las lagrimas de sus antepasados que, tras una infinita guerra salpicada de muertes, los familiares de los fallecidos estaban pasando tal sufrimiento que llenaron la tierra de lagrimas, lagrimas que se unieron formando océanos y océanos de agua salada, y ahora ella contribuía con sus lagrimas, a llenar esos océanos creados por el sufrimiento y la tristeza.
Continua caminando mar adentro, hasta que sus pies no tocan el suelo y, a partir de ahí, nada, meneando los brazos y las piernas, unas piernas que no tendría que haber deseado, ¿Por qué no podía conformarse con lo que tenia?
Nada y nada hasta que su cuerpo entero dice basta. Y se hunde, como un peso muerto deseando llegar al fondo del mar, y ahogarse para acabar con todo aquello. Para ser condenada por la traición que había cometido, la traición de sustituir el fondo marino por la superficie terrestre.
Poco a poco sus pulmones reclaman aire, pero solo consiguen ser llenados de agua hasta que nota como va perdiendo la conciencia, como va entrando en un túnel, como todo se vuelve oscuro y como esa luz de la que todo el mundo habla se va alejando, y ella, al fin descansa, cierra los ojos y miles de imágenes pasean por su mente, recordándole que una vez la felicidad estuvo en su mente, su padre, sus hermanas, su fallecida madre, todos sus conocidos desfilan por su cabeza, cogidos de la mano por recuerdos que una vez sucedieron.
Y ella, en su último soplo de vida nota como alguien la agarra en brazos y la abraza. Su padre, Poseidón, el rey de los mares, el dios de las aguas, la sostiene con la cabeza en su corazón y llora para poder devolverle la vida a su hija porque, a pesar de todo, las lagrimas sí que sirven para algo, llorar sirve para recordar y seguir adelante, llorar es un puente entre el pasado y el presente, y mientras el dios llora ella oye lo que estaba esperando oír desde hacía mucho tiempo pues, mientras su negra cabellera flota, ella disfruta con el canto de sirena.