viernes, 23 de noviembre de 2012

Tequila entre mis dedos.


Ella era de las que se lavaban los dientes antes de acostarse. De las que estudiaban semanas antes y sacaban sobresaliente. Ella era parte de los ceros a la izquierda. De la innumerable cantidad de ceros. Ella era la que soñaba con príncipes. La que se ahogaba con el humo. La que miraba con asco las drogas. La que miraba todas las bebidas antes de beberlas. Ella era la que odiaba los pantalones cortos, la que llevaba camisetas de cuello vuelto, la que tenia zapatillas de deporte para cada día de la semana. La que no se maquillaba, la que pasaba de todo el mundo, la que no se metía en líos. Ella era la que miraba antes de cruzar, y la que esperaba sentada su zapatito de cristal.
Y sin embargo ahora... Ahora ladra mas que muerde. Ahora aprueba  menos de la mitad de las asignaturas. Ahora algunos la califican como diez. Ahora ella 'vive' a su manera. Ahora en vez de soñar con su príncipe azul, se lía con sapos todas las noches. Ahora el humo forma parte de sus venas. Se coloca cada noche y bebe demasiado de golpe. Ahora ella lleva pantalones por bragas, y camisetas a la altura del ombligo. Lleva tacones de 10 centímetros y ha tirado las zapatillas de deporte. Ahora va maquillada cada día  y no sale de casa sin ir mas maquillada que una puerta. Ahora se mete ella sola en líos, y pelea mas que habla. Ahora hace autoestop para volver a casa, y su zapatito de cristal, lo ha vendido para comprarse mierdas para su cuerpo. Ahora esa chica, esa chica que antes tenia un gran futuro por delante, se ha quedado atascada entre un bote de pastillas, una botella de tequila y una planta alucinógena que quema sus pulmones.


lunes, 19 de noviembre de 2012

Cigarros de un idiota.


Ahogue el cigarro en un suspiro. Sumergí mis lágrimas en los ríos de lava que circulaban por tu cintura. Caminé por el rojo carmesí de tus uñas, y me aprendí de memoria el recorrido de tus piernas.
Me deslicé por la curva de tu ombligo. Susurre idioteces en los pliegues de tu falda, y escale entre la suavidad de tu espalda.
Tatué de imágenes mi cerebro, y guardé mis recuerdos en el mar azul de tus ojos. Me fume tu perfume envuelto en el papel de liar de tus sonrisas. Me bebí tus penas de golpe, y esnife tu brillo de labios preferido. Me drogue de tus ilusiones, y vomite las decepciones.
Adorne con vodka la piel de tu cuello. Jugué con los botones de tu camisa, y reí en tus labios escarlata.
Memorice el parpadeo de tus ojos, y perdí el aliento en el final de tu espalda. Saboreé el rubor de tus mejillas, y le di una calada a tus besos. Destrocé tus inseguridades y construí de nuevo el sonido de tu risa.
Tatareé tu canción favorita y baile entre tus suspiros. Y convertí todo momento juntos, en tus recuerdos más bonitos.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Amor siempre sera Roma al revés.


La lluvia, fría como el hielo, camuflaba mis lágrimas huecas. Lagrimas provocadas por el dolor, la realidad. Lagrimas provocadas por la soledad de tus besos. La frialdad de estar sin tus abrazos, por el silencio de tu risa. Lagrimas a causa de tu ausencia. Lagrimas orgullosas que deseaban ir a buscarte, pero no lo harían. Riachuelos de lágrimas en mis mejillas, riachuelos de lágrimas por culpa de tus mentiras, y por culpa de mi desconfianza.
¿Te acuerdas cuando vine a Roma? ¿Te acuerdas como nos conocimos? Nos conocimos gracias a mi torpeza y a tus reflejos. Nos odiábamos tanto que casi no podíamos vernos, y hace tan solo unas horas, no podíamos estar separados. No había nadie que nos alejara, que interviniera entre nosotros, ni siquiera nuestras familias podían separarnos. Quien diría que, de pasar a odiarte, pasaste a ser la persona más importante de mi vida. La única persona que podía hacerme daño, pues seria a la única a la que se lo permitiría. Y ahora me has hecho tanto daño que mi corazón no late, pues sigue entre tus manos. Esas manos que una vez me exploraron con tanto cariño, que hasta podría derretirme entre ellas.
Cuando vine a Roma, cuando te vi, cuando me enamore, encendí una vela que no iba a apagar nunca. Porque sabía que nunca iba a dejar de sentir esto que siento por ti, que nunca iba a acabar nuestra historia de amor. Que no tendría fin. Y ahora, el aire, tan frio como la lluvia, ha apagado esa vela. Ha apagado esa vela, junto con mis ganas de seguir adelante. Junto con mis ganas de sonreír, junto con mis ganas de mirar hacia el futuro si tú no estás.
Te echo tanto de menos, que hasta me duele la sangre que fluye por mis venas. Te echo tanto de menos, que podría gritar tan fuerte, que me oirían hasta los sordos.
Llevo aquí sentada dos horas, esperando a que pase algo que cambie la ecuación, algo que me de otro resultado. Algo que haga cambiar todo esto.
Me levanto, harta de esperar encapuchada de lluvia. Y camino por el barro ensuciando mis botas, pero me da igual. Ahora ya todo me da igual. Tú te casaras con ella, y yo con él. Y nada ni nadie puede cambiar eso. Ni siquiera nuestro amor, que puede mover montañas.
Cierro los ojos, imaginándome que estas aquí, conmigo. Que tu calor me envuelve, que tu perfume se refugia entre mis brazos. Y la última lágrima cae de mis ojos. Dándole fin al agua de mi cuerpo. Dándole fin a mí esperanza. Y cuando pienso que ya no volverás, que ya no podre soportarlo más, escucho tus palabras. Es un leve susurro, pero lo escucho tan bien, tan fuerte, que pienso que, en cualquier momento, me fallaran las piernas.
-No te vayas. –Y no lo hago, no me voy. Me quedo allí, quieta, disfrutando del hecho de que estas detrás de mí, de que puedo sentirte, y de que, segundos después me giras, me miras y te impacientas. Como siempre haces al ver que no respondo, al pensar que no respondo porque no quiero saber nada de ti. Pero te equivocas, no respondo porque quiero disfrutar del silencio que crean nuestros cuerpos, del silencio que forman nuestros corazones.
-Dilo. Necesito saberlo. Necesito saber que no me lo imagino. Que no soy la única que lo siente. Que no soy la única que lucha por algo imposible. Dilo y ya está, solo te pido que lo digas. Que me lo susurres tan cerca que se enteren hasta mis labios. Dilo y todo valdrá la pena. Todo esto tendrá un por qué.
-¿Qué diga qué? ¿Qué te diga que me has roto los esquemas? ¿Qué te diga que me vuelves loco pero que eso me gusta? ¿Qué te diga que eres mi vida? ¿Qué te diga que eres lo mejor que tengo?
-Sí, quiero que lo digas.
-Entonces no lo dudes ni un momento, porque te quiero más que a nada. Te quiero. Con toda mi alma.