viernes, 12 de octubre de 2012

Smiles.

Nunca dijeron que esto fuera a ser fácil, seguir adelante nunca lo ha sido, dejar todo atrás, enterrar tu pasado, es algo que duele demasiado como para hacerlo, algunos, incluso, solo para no sentir ese dolor, viven con el pasado, saboreando lo que eran, queriendo arreglar las cosas, sabiendo que no pueden.Y por eso yo prefiero enterrarlo, enterré mi pasado junto con la tumba de mi madre, junto con el ultimo pétalo de rosa que se marchito bajo tierra. Enterré mi pasado el día que lo perdí todo, el día que perdí a lo que mas quería, enterré mi pasado junto con mi alegría y mis tan populares sonrisas. Allí, en mi antiguo hogar, solían llamarme Smiles.
Cierro los ojos, con fuerza, y aprieto los puños, mis nudillos se tintan de blanco y lucho por contener las lagrimas. Me había quedado sola en este puto mundo, y solo me quedaba mi abuela Grace y mi tío Lion. Mi abuela, de 72 años de edad, tenia el pelo canoso siempre recogido en un moño con una cinta gris. Era un poco hippie, y vegetariana, eso era lo único que no me gustaba de ella. Yo adoro la carne.
Mi tío Lion, un viajero desaparecido. Le habíamos perdido la pista hacia meses, ni siquiera se había presentado al entierro de mi madre, su hermana. Y yo, ahora estaba en la camioneta Chevrolet de mi abuela, intentando adivinar que mierdas me esperaban en el pueblucho al que me llevaba. Abrí los ojos, la luna se proyectaba en el cielo, como si la hubieran pintado con un ligero pincel. Pura, perfecta. Apoye la cabeza en el cristal y me sobresalte cuando mi abuela paro de golpe, soltando un grito ahogado.
-¿Que pasa nana? -Mire al frente y me cruce con unos resplandecientes ojos dorados que me miraban expectantes, me quitaron el aliento, literalmente. Me estaba dando un ataque de asma. Busque en mi bolsillo el inhalador. Me lo puse en la boca, apreté el botón y deje que se me abrieran las vías respiratorias. Cuando mire de nuevo adelante, los ojos extraños ya no estaban.
Mi abuela volvió a arrancar el coche mientras murmuraba los locos que estaban los jóvenes hoy en día  echándole la culpa a las multinacionales, mientras yo, recordaba la sensación que me habían provocado esos preciosos ojos dorados.


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